jueves, 26 de junio de 2014

A DOCE AÑOS DE LA MASACRE DE AVELLANEDA


El 26 de junio de 2002 no había clima mundialista. El debate público no giraba alrededor de la rabona de rojo, ni de su gol de rodilla. Messi todavía no era dios, Lavezzi era menos fachero, y la cuestión del debut de Pelé estaba relegada a un segundo plano. En el año 2002 la pobreza era de alrededor del 53%, la indigencia rozaba el 25%, la desocupación estaba cerca del 22%, y fue en este contexto que para el 26 de junio cinco organizaciones de desocupados habían decidido cortar cinco de los puentes que conectan la Provincia de Buenos Aires con la Ciudad de Buenos Aires. El Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD)-Aníbal Verón había escogido el Puente Pueyrredon para manifestarse.

El MTD-Aníbal Verón era una de las tantas organizaciones de desocupados y desocupadas que se fueron conformando a partir de la segunda parte de la década de 1990. El nombre de Verón, claro está, no hace alusión a la “bruja” sino a quien el 10 de noviembre del año 2000, en el marco de una protesta de trabajadores despedidos de la empresa Atahualpa de Salta, cayó muerto en la ruta nacional 34 con un tiro en la cara. Por entonces, uno de los repertorios de protesta más utilizados por estas organizaciones era el corte de calle o ruta. Como estaban desocupados y desocupadas no podían hacer huelga. Pero además, como no tenían trabajo, acceso a la educación, a la salud, a una vivienda digna, a una alimentación adecuada, no les quedaba otra alternativa que hacerse oír y presionar a las autoridades a través de los cortes. En la actualidad hay otras organizaciones que utilizan el corte de calle como repertorio de protesta, pero hacia el año 2002 quienes cortaban las calles eran los desocupados y las desocupadas.



En el marco de ese angustiante panorama de pobreza, indigencia y desempleo, el 26 de junio las organizaciones se movilizaron exigiendo: a- El pago de los planes de empleo, ya que muchos compañeros estaban hace meses sin cobrar;  b- Aumento de los subsidios de 150 a 300 pesos; c- Implementación de un plan alimentario bajo gestión de los propios desocupados; d-Insumos para las escuelas y centros de salud de los barrios; e- Desprocesamiento de los luchadores sociales y fin de la represión; f- Declaración de solidaridad con la fábrica Zanón ante la amenaza de desalojo. El día anterior, funcionarios del gobierno de Duhalde advirtieron no que resolverían estos problemas urgentes sino que impedirían los cortes, y así fue: Impidieron el corte utilizando una escandalosa represión y no resolvieron ninguno de los problemas.

El 26 de junio Maximiliano Kosteki, de 25 años y militante en el MTD-Guernica, y de Darío Santillán, de 21 años y militante del MTD-Lanús, fueron asesinados en la Estación Avellaneda mientras huían de la represión de la policía y la gendarmería. Al día siguiente, en lugar de condenar la represión, el Diario “Clarín” tituló “la crisis causó dos nuevas muertes.” Como si esto fuera poco, el 29 de junio “Clarín” incluía declaraciones de  Franchiotti –condenado por los asesinatos-, quien decía que los manifestantes habían ido al puente a "combatir” y que había escuchado disparos “de armas de fuego por parte de los manifestantes.” Hoy, a 12 años de la “Masacre de Avellaneda”, se realiza un corte exigiendo justicia. También hoy “Clarín” narra lo sucedido hace doce años sin hacer mención al angustiante contexto socioeconómico y reduce el reclamo de aquella triste jornada diciendo que Maxí y Darío estaban en el puente en “reclamo de planes sociales” (http://www.clarin.com/politica/puente_pueyrredon-kosteki_y_santillan_0_1163883831.html). Pasaron doce años y todavía no han aprendido nada.

   

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