El
26 de junio de 2002 no había clima mundialista. El debate público no giraba alrededor
de la rabona de rojo, ni de su gol de rodilla. Messi todavía no era dios,
Lavezzi era menos fachero, y la cuestión del debut de Pelé estaba relegada a un
segundo plano. En el año 2002 la pobreza era de alrededor del 53%, la
indigencia rozaba el 25%, la desocupación estaba cerca del 22%, y fue en este
contexto que para el 26 de junio cinco organizaciones de desocupados habían
decidido cortar cinco de los puentes que conectan la Provincia de Buenos Aires
con la Ciudad de Buenos Aires. El Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD)-Aníbal
Verón había escogido el Puente Pueyrredon para manifestarse.
El
MTD-Aníbal Verón era una de las tantas organizaciones de desocupados y
desocupadas que se fueron conformando a partir de la segunda parte de la década
de 1990. El nombre de Verón, claro está, no hace alusión a la “bruja” sino a
quien el 10 de noviembre del año 2000, en el marco de una protesta de
trabajadores despedidos de la empresa Atahualpa de Salta, cayó muerto en la
ruta nacional 34 con un tiro en la cara. Por entonces, uno de los repertorios
de protesta más utilizados por estas organizaciones era el corte de calle o
ruta. Como estaban desocupados y desocupadas no podían hacer huelga. Pero además,
como no tenían trabajo, acceso a la educación, a la salud, a una vivienda digna,
a una alimentación adecuada, no les quedaba otra alternativa que hacerse oír y
presionar a las autoridades a través de los cortes. En la actualidad hay otras
organizaciones que utilizan el corte de calle como repertorio de protesta, pero
hacia el año 2002 quienes cortaban las calles eran los desocupados y las desocupadas.
En
el marco de ese angustiante panorama de pobreza, indigencia y desempleo, el 26
de junio las organizaciones se movilizaron exigiendo: a- El pago de los planes
de empleo, ya que muchos compañeros estaban hace meses sin cobrar; b- Aumento de los subsidios de 150 a 300
pesos; c- Implementación de un plan alimentario bajo gestión de los propios
desocupados; d-Insumos para las escuelas y centros de salud de los barrios; e- Desprocesamiento
de los luchadores sociales y fin de la represión; f- Declaración de solidaridad
con la fábrica Zanón ante la amenaza de desalojo. El día anterior, funcionarios
del gobierno de Duhalde advirtieron no que resolverían estos problemas urgentes
sino que impedirían los cortes, y así fue: Impidieron el corte utilizando una
escandalosa represión y no resolvieron ninguno de los problemas.
El
26 de junio Maximiliano Kosteki, de 25 años y militante en el MTD-Guernica, y
de Darío Santillán, de 21 años y militante del MTD-Lanús, fueron asesinados en
la Estación Avellaneda mientras huían de la represión de la policía y la
gendarmería. Al día siguiente, en lugar de condenar la represión, el Diario “Clarín”
tituló “la crisis causó dos nuevas muertes.” Como si esto fuera poco, el 29 de
junio “Clarín” incluía declaraciones de Franchiotti –condenado por los
asesinatos-, quien decía que los manifestantes habían ido al puente a
"combatir” y que había escuchado disparos “de armas de fuego por parte de
los manifestantes.” Hoy, a 12 años de la “Masacre de Avellaneda”, se realiza un
corte exigiendo justicia. También hoy “Clarín” narra lo sucedido hace doce años
sin hacer mención al angustiante contexto socioeconómico y reduce el reclamo de
aquella triste jornada diciendo que Maxí y Darío estaban en el puente en “reclamo
de planes sociales” (http://www.clarin.com/politica/puente_pueyrredon-kosteki_y_santillan_0_1163883831.html).
Pasaron doce años y todavía no han aprendido nada.

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