Una imagen. Los paraguas.
Durante algunos años estudié la protesta social en Argentina. También participé
de marchas. Hay elementos que son recurrentes en las manifestaciones: bombos,
pancartas, ollas gigantes con guiso, neumáticos. En particular me enfoqué en el
estudio de los piquetes, y también participé de algunos de ellos. Hago memoria,
consulto algunos libros, pero no recuerdo ningún piquete con paraguas. Quizás
sea porque los pobres se mojan con la lluvia y ayer no había pobres. Quizás sea
porque a los piquetes no van los que usan paraguas.
Dos palabras. Impunidad. Nunca más. Entre las voces que cortaron
el silencio aparecieron dos gritos: Impunidad,
Nunca más. Gritos que leí en
numerosos trabajos sobre protesta social. Y que también grité –no ayer, claro
está-. Impunidad había en los 90 y
los primeros años del siglo XXI cuando las leyes de punto final y obediencia
debida y los indultos de Carlos I de Anillaco habían garantizado el no
juzgamiento de militares que, durante la última dictadura militar,
desaparecieron, torturaron y mataron a 30.000 personas. Hoy todos los días
salen noticias sobre la investigación de la muerte de Nisman. En la dictadura
nadie investigaba. En los noventa tampoco. La palabra impunidad queda grande, creo, para describir el caso Nisman.
En castellano rioplatense Nunca más se escribe con mayúsculas y
expresa un total rechazo a los golpes militares, a la política de persecución,
secuestro y tortura de militantes que luchaban por un mundo mejor en el que no
existieran los pobres –o al menos usaran paraguas-. Nunca más se escribe con mayúsculas porque es un nombre propio, el
nombre le dimos al repudio a lo sucedido entre 1976-1983. Tomando cualquier
hipótesis sobre la muerte de Nisman, incluso la más horrible, teniendo la pero
concepción del gobierno de Cristina Fernández, apelar el Nunca más también les queda grande.
Tengo mucho aprecio por varios
conocidos que estaban debajo de esos paraguas.
También mucho rechazo a los funcionarios judiciales que convocaron, y a los políticos
profesionales que asistieron. De todos modos hoy la sensación es otra. Se vincula
con esas palabras, impunidad y Nunca más. Que no tienen dueño, pero a
la vez siento que no se las quiero prestar. No para esto.

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