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jueves, 19 de febrero de 2015

18F. UNA IMAGEN. DOS PALABRAS

Una imagen. Los paraguas. Durante algunos años estudié la protesta social en Argentina. También participé de marchas. Hay elementos que son recurrentes en las manifestaciones: bombos, pancartas, ollas gigantes con guiso, neumáticos. En particular me enfoqué en el estudio de los piquetes, y también participé de algunos de ellos. Hago memoria, consulto algunos libros, pero no recuerdo ningún piquete con paraguas. Quizás sea porque los pobres se mojan con la lluvia y ayer no había pobres. Quizás sea porque a los piquetes no van los que usan paraguas.   

Dos palabras. Impunidad. Nunca más. Entre las voces que cortaron el silencio aparecieron dos gritos: Impunidad, Nunca más. Gritos que leí en numerosos trabajos sobre protesta social. Y que también grité –no ayer, claro está-. Impunidad había en los 90 y los primeros años del siglo XXI cuando las leyes de punto final y obediencia debida y los indultos de Carlos I de Anillaco habían garantizado el no juzgamiento de militares que, durante la última dictadura militar, desaparecieron, torturaron y mataron a 30.000 personas. Hoy todos los días salen noticias sobre la investigación de la muerte de Nisman. En la dictadura nadie investigaba. En los noventa tampoco. La palabra impunidad queda grande, creo, para describir el caso Nisman.

En castellano rioplatense Nunca más se escribe con mayúsculas y expresa un total rechazo a los golpes militares, a la política de persecución, secuestro y tortura de militantes que luchaban por un mundo mejor en el que no existieran los pobres –o al menos usaran paraguas-. Nunca más se escribe con mayúsculas porque es un nombre propio, el nombre le dimos al repudio a lo sucedido entre 1976-1983. Tomando cualquier hipótesis sobre la muerte de Nisman, incluso la más horrible, teniendo la pero concepción del gobierno de Cristina Fernández, apelar el Nunca más también les queda grande. 


              

Tengo mucho aprecio por varios conocidos que estaban debajo de esos paraguas. También mucho rechazo a los funcionarios judiciales que convocaron, y a los políticos profesionales que asistieron. De todos modos hoy la sensación es otra. Se vincula con esas palabras, impunidad y Nunca más. Que no tienen dueño, pero a la vez siento que no se las quiero prestar. No para esto.  

martes, 17 de febrero de 2015

18F: No con ellos y ellas. No en silencio

Tal como sucede con las acciones individuales, nunca es sencillo desentrañar el sentido que tienen las acciones colectivas. En el marco de estas dificultades, si asumimos que Nisman simplemente se suicidó el 18F carece de sentido: no queda claro por qué tomar el espacio público ante una decisión privada de dejar de ser. Sin embargo, intentando leer la convocatoria al 18F a su mejor luz y con las mejores intenciones, el único modo de pensar que tiene sentido es asumiendo que la muerte de Nisman fue un asesinato o un suicido inducido directa o indirectamente por el gobierno. El 18F solamente tiene sentido si se considera la muerte de Nisman como un caso de violencia institucional. Pero si esto es así, habría que plantear algunas dudas sobre los protagonistas de la convocatoria y sobre el modo de manifestarse.



Un primer interrogante que se nos hace presente se vincula con los sujetos que convocan a la marcha: ¿Cómo es posible que algunos fiscales –que se presentan mediáticamente como “los fiscales”- que son los encargados de desarrollar las investigaciones, marchan exigiendo una investigación? De todos modos esta no es la pregunta correcta puesto que si asumimos que se trata de un caso de violencia institucional contra un fiscal, es muy esperable una respuesta corporativa como esta. Por ello la pregunta clave es ¿Por qué marchar con ellos? Entre los fiscales que convocan se encuentran Germán Moldes y Raúl Plee, acusados de obstaculizar la investigación del encubrimiento de la causa AMIA. Es cierto que cuando se convoca a una marcha podemos estar frente a algún organizador con prontuario que queda balanceado con grandes referentes morales que aporten luz en la oscuridad, pero en este caso cabe preguntarse si alguno de los fiscales que convoca logra limpiar las manchas antes mencionadas. Además, es importante tener presente que de la marcha participarán personajes políticos como Cecilia Pando, Mauricio Macri o Sergio Massa. La primera defiende a los militares responsables de los delitos más atroces, el segundo había creado la UCEP para usarla como fuerza de choque y luego envió la Policía Metropolitana para golpear a los médicos y enfermos del Borda, y el tercero tiene un claro discurso de mano dura. Con muchas diferencias, los tres apuestan por incrementar la violencia institucional contra la que supuestamente levanta esta marcha.

Preguntarse quiénes convocan o con quién marcharemos no es un dato menor, y la recomendación no sería no marchar, sino no marchar con ellos y ellas. En las conmemoraciones del 24 de marzo se organizan no una sino dos marchas a Plaza de Mayo, convocadas por sectores y personajes políticos distintos. Lo mismo sucedía con las conmemoraciones de las muertes del 19 y 20 de diciembre del 2001. Quizás ante la muerte de Nisman tenga sentido marchar, pero no con ellos y ellas.
En segundo lugar, si usted sale a manifestarse porque cree que estamos en un caso de violencia institucional me gustaría verlo en esas calles y plazas ante otros episodios inscriptos en la misma lógica, como los casos de represión de la protesta social o el gatillo fácil. Curiosamente el 24 de enero, en Villa Rumipal, Ismael Sosa desapareció después de algunos “incidentes” con la policía y días más tarde su cuerpo apareció flotando en un embalse. Se trata de un posible caso de violencia institucional, pero al parecer no merece un 24F.

Un párrafo aparte merece la politización de la marcha, y el silencio que se predica de ella. Afirmar que la marcha se encuentra politizada no tiene una carga valorativa negativa, sino que se trata de un sinceramiento. Es una perogrullada afirmar que si los fiscales convocan a tomar las calles estamos frente a un acto político. De todos modos, e irónicamente, estamos frente a un modo se hacer política bien propio de las estructuras judiciales: una política que se juega en silencio. Es esperable que los fiscales convoquen al silencio porque están acostumbrados a las penumbras de las estructuras judiciales en Argentina, y porque su modo de hacer política no discute en el espacio público. También es esperable que eviten realizar una manifestación de principios, puesto que muy probablemente se vuelva contra ellos y ellas. De todos modos, en un contexto en el cual la muerte de Nisman disparó el debate sobre los servicios de inteligencia, resulta paradójico salir a las calles no para exigir a gritos reformas bien profundas y democráticas, sino para anular el debate y pedir silencio –con todo lo que implica estar en silencio con ellas y ellos-.


Leído a su mejor luz y con las mejores intenciones el 18F solamente sólo tiene sentido si se puede caracterizar la muerte de Nisman como un caso de violencia institucional. Sin embargo, ese sentido se diluye si se marcha con ellos, si se olvidan los restantes casos de violencia institucional, y si ante la urgencia de un debate por la reformulación de los servicios de inteligencia la mejor idea que llamarse a silencio.              

martes, 27 de enero de 2015

Reforma a los Servicios de Inteligencia. Los tiempos políticos.

El control remoto de mi pequeña y vieja caja boba tiene pedido de captura por lo que escuche la cadena oficial por la radio. Antes de mencionar algunos puntos del discurso, quiero aludir a una ingrata sorpresa: al finalizar el discurso leo varias quejas porque la presidenta decidió lucir la silla de ruedas –imagen que desconocía-, pero pocas menciones al contenido del discurso. ¿Se han puesto a pensar por qué se focalizan más en las imágenes que en las palabras? ¿Nunca se preguntaron por qué identifican sus preferencias más con colores –amarillo y naranja- que con opiniones y posicionamientos?



Sobre el proyecto de ley por el momento no tengo mucho para decir no solamente porque todavía no se conoce sino porque se trata de una materia con la que no me siento muy cómodo. Sin embargo estamos frente a un interesante desafío porque se avecina un intento de discutir democráticamente una institución que poder definición es incompatible con la democracia: tiene agentes, gastos e información reservada recolectada de modo poco sensato.

Más allá de lo anterior me interesa detenerme en los tiempos de la política. Si efectivamente la muerte de Nisman –y quizás otras muertes de las que no tenemos noticias- se explican por una interna de los servicios de inteligencia, efectivamente esta reforma llega tarde. Aunque llega, y ese no es un dato menor. Cierto discurso de tinte liberal, que piensa la política por fuera de los procesos históricos y la existencia de grupos de presión, acusó rápidamente al gobierno por no haber reformado antes los servicios. Sin embargo creo que este discurso debe ser profundizado:

1- Llevar adelante una reforma de las agencias de inteligencia no es una decisión política que pueda implementarse en cualquier circunstancia, sino que hay que buscar el momento político adecuado. Aquí efectivamente falló el kirchnerismo. El gobierno no buscó el momento, sino que le llegó de un modo trágico. El gobierno no trató de crear una correlación de fuerzas favorable, una movilización social capaz de apoyar y defender los cimbronazos que seguramente traen este tipo de reformas.  

2- Efectivamente el gobierno no ha creado esta correlación de fuerzas necesarias, no ha creado un poder popular sobre el que apoyarse para realizar estas reformas en momentos no trágicos, pero tampoco lo ha hecho la oposición. La única capacidad de movilización que gran parte de la oposición posee es la de concurrir a los programas de televisión para saciar las ansias de un culto a la imagen que tapa los oídos. Con nula capacidad de crear una correlación de fuerzas favorables, la oposición ha creado unas planillas para que “la gente” firme en contra del nuevo código penal o una supuesta reforma constitucional, o ha apoyado (ni siquiera logró direccionar) los amontonamientos esporádicos en contra de la compra de dólares, la salud de la república y la inseguridad.

3- Ni el gobierno ni la oposición han creado el momento para reformar los servicios de inteligencia, y ambos son responsables por ello. Sin embargo cuando la tragedia configuró un posible momento político, las reacciones no fueron similares. Al día siguiente de la muerte de Nisman, la oposición (excepto el FIT) se situó frente a las cámaras, tomó el guion de una película pornográfica, realizó las poses esperadas, pero no levantó la bandera de la reforma de los servicios. Tras una serie de epístolas algo desordenadas, y algunas poses esperables, ayer el gobierno reaccionó de modo distinto y anunció una reforma de los servicios.


martes, 20 de enero de 2015

¿Está seguro que usted es Nisman?

Ayer tenía ganas de escribir algo sensato sobre la muerte del fiscal Nisman, pero me parecía que lo único sensato era el silencio. Hoy creo que se puede intentar balbucear algo sobre lo sucedido ayer a partir de la noticia de su muerte. Sobre su muerte creo que lo mejor es mantener silencio.

Durante la mañana y las primeras horas del mediodía los medios de comunicación profesaban lo obvio: se trata de un hecho muy grave, hay que investigar lo sucedido, el gobierno debe despejar las dudas, hay que guardar las supuestas pruebas de Nisman sobre el encubrimiento de la causa AMIA. Macri y Massa también se calzaron el traje de profetas de lo obvio, y luego de entrenar sus mejores caras de preocupados, repitieron lo mismo que exigían los medios: la gravedad, la investigación, las dudas repitiendo las mismas palabras: gravedad, investigación, dudas, pruebas. Mientras tanto los medios exigían que Cristina Fernández apareciera en la escena del circo para realizar más o menos las mismas piruetas.



Por la noche, casi a la misma hora en que Cristina hizo circular una carta no muy afortunada, irrumpió algo que no esperaba: algunas esquinas y algunas plazas se colmaron con individuos con carteles y proclamas que rezaban: “Yo soy Nisman.” Sobre esto quisiera detenerme, puesto que me ha costado decodificarlo.   

En primer lugar no creo que el “Yo soy Nisman” sea un reconocimiento a su labor como fiscal de la causa Amia puesto que dudo que quienes se manifestaron estuvieran al tanto de las 260.000 páginas (fojas) que tiene el voluminoso expediente. Tampoco creo que sea un reconocimiento por la denuncia contra la Presidenta, puesto que nadie ha leído las 350 páginas de la denuncia. Según intuyo, pero con muchas dudas, el “Yo soy Nisman” se inscribe en una sospecha hacia el gobierno. De hecho, creo que una buena parte de quienes que se manifestaron ya eran opositores antes de la muerte de Nisman.

A horas de la noche la fiscal del caso ya había sostenido que no había una tercera persona en la escena del crimen, pero me parece muy interesante que parte de la población descrea de los relatos judiciales y siga sospechando del gobierno. Sin embargo, sobre este punto, me interesa detenerme en tres puntos:
1- Si usted cree que Nisman se suicidó por las respuestas gubernamentales frente a la denuncia, debería saber dos cosas: 1- Por un lado es esperable que ante una acusación se enuncie una defensa. “Si usted es Nisman” debería saber esto;  2- Por otro lado el debate con acusaciones cruzadas forma parte de la política. Si usted sale a la calle por su compromiso con su país debería saber de qué se trata la política;    
2- Si usted cree que a Nisman lo mataron los servicios de inteligencia, o se suicidó por presiones de los servicios, y culpa al gobierno por no haber democratizado a los servicios, debería saber dos cosas: 1- Por un lado estamos de acuerdo en que el gobierno –ni este ni ningún otro de la recuperación de la democracia- no ha democratizado los servicios de inteligencia pero; 2- Tenga en claro que la democratización de estos servicios no se hace con el diálogo republicano que usted tanto pregona. Meterse con los servicios no es tan sencillo, y quizás puede traer consecuencias tan terribles como las de Nisman.
3- Si usted cree que a Nisman lo mató el gobierno tenga en claro lo siguiente: 1- El pasado no se puede conocer, pero a partir de ciertas medidas es posible construir un relato más o menos plausible. “Si usted es Nisman” sepa que Nisman era fiscal y si trabajaba bien no construía esos relatos escuchando a los profetas de lo obvio, ni (solamente) a partir de supuestos y prejuicios que estaban en su cabeza. Nisman no hubiera salido a ninguna plaza pensando que un gobierno había matado un fiscal porque todavía no tenía pruebas para sustentarlo; 2- Si a Nisman lo mató el gobierno, entiendo que usted salió a repudiar un acto de violencia institucional. En ese caso me gustaría verlo en esas calles y plazas ante otros episodios de violencia institucional como la represión de la protesta social  o el gatillo fácil.        

Teniendo en cuenta lo anterior, ¿está seguro que usted es Nisman?

Más que la noción de conciencia de lo que uno es (“conciencia de clase” de cierto marxismo), me atrae la corrección de ranceriana de una conciencia de lo que uno puede dejar de ser y llegar a ser, pero aquí quisiera recordar que en algún trabajo Gramsci sostenía que buena parte de las rebeliones y manifestaciones son protagonizadas por sectores populares, pero la clave era si tenían conciencia de la dirección política de esas manifestaciones. La manifestación de ayer no fue protagonizada por los sectores populares. La manifestación de ayer no tuvo una dirección política visible, pero quizás los profetas de lo obvio estuvieron en su configuración.